lunes, 12 de marzo de 2012

Uroboros

Te voy a contar una historia.


Trata sobre un bosque y un señor, que vivía aislado entre olmos y flores, y se protegía de los males humanos con un ejército de animales.
-Esa ya me la has contado, abuelo.
Hmm... ¿y qué te parece la de la tortuga que aprendió a volar?
-También me la sé, y cada vez la cuentas con un final distinto, porque ya casi ni te acuerdas...
Ohh, no seas duro con tu pobre abuelo, que su memoria ya no es lo que era... ¿y la de cómo se formó la luna?
-Aburrida.
¿La de Kvothe?
-Muy larga.
¿La de cómo conocí a un descendiente del mismo Hércules en uno de mis viajes a las montañas griegas?
-Pierde la gracia cuando creces.
Ninguna historia pierde la gracia al crecer uno. Son los hombres de corazón viejo lo que dejan de vérsela. Y yo tengo un corazón muy joven, y por eso puedo seguir contando historias. Y no te atrevas a volver a negarme que conocí a Hércules, porque no estuviste allí.
-Síii, abuelo...
...
-Cuéntame aquella de cuando te rescataron volando de una montaña.
¿La del pájaro de hierro que me salvó después de ser derrotado por Lorenzo el Magnífico en la Cima de los Espíritus?
-Mamá dice que solo te rescató un helicóptero cuando te dio un golpe de calor subiendo un monte de Dénia porque no llevabas gorra.
Tu madre no lee lo suficiente, ha perdido el toque poético tan dulce que tenía de niña...
-Mmm... ¿Entonces qué historia me vas a contar?
Con lo exigente que te estás poniendo esta noche, empiezo a dudar de que me queden más historias que contarte.. ¿y si me cuentas tú una a mí?
-Yo no me sé ninguna, abuelo..
No me has contado una mentira tan grande en toda tu corta vida. Un niño como tú se sabe cuentos de historias, y no tienes que buscarlas en tu joven memoria. Solo mira a tu alrededor.
-¿Qué?
Las mejores historias surgen sin buscarlas. Aparecen en las noches de luna llena, después de los amaneceres románticos o durante los cumpleaños de un nieto favorito. Son esas historias las más dignas de contar, porque son la verdad, la prueba del verdadero prisma que hace girar el mundo delante de nuestros propios ojos. No hace falta buscar aventuras, pues estas llegan solas, atraídas por los corazones románticos que todavía creen en las estrellas y en el fuego que hay en el alma de cada hombre.
-Mmm...
Y dentro de algunos años, y espero que muchos, le contaré a tu hermanita esta conversación que acabamos de tener, y la historia de cómo mi joven nieto me contó, a mí, su primera historia, en una noche estrellada delante de un fuego, antiguo como los propios dioses del bosque, y de cómo la Tortuga Sonriente se paró en el firmamento para escuchar con atención un momento tan importante, y los búhos callaron, y los nobles caballeros gnomos se asomaron entre las briznas de hierba bajo un roble para presenciar tan mágico momento, el de la primera vez que un joven miraría en su corazón para darle una alegría al trotamundos de su abuelo.

Y el chico empezó a hablar, y no entendió porqué ni de dónde le salieron las palabras hasta que tuvo la edad de su abuelo, y se sentó bajo el mismo roble con su nieta, bajo la misma luna y bajo la mirada de los mismos testigos.

Y un fuego más antiguo que la tierra.


Para ti, que sin abrir los ojos, eres capaz de ver el mundo como realmente es. Y de admirar su misterio. Pues solo moriréis realmente cuando dejéis de sorprenderos.

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