sábado, 14 de mayo de 2011

Sobre bardos, bufones y otras cosas rotas

-¿Así que quieres ser artista, chiquillo?- dijo el gordo hombre mientras se secaba la frente con una trapo bastante mugriento ya. -Pues sal a la palestra, y si lo haces bien, a lo mejor puedes volver mañana.
-Sí, señor.
-Y si lo haces mejor aún, un par de mendrugos de pan, y hasta un vasito el vino para bajarlo, ¿eh?
-Sí, señor.
-Pero que no te pase como al torpe de Timmy en la función del Día de Acción de Gracias. Tengo la sensación de que la señora Pevery me mira mal a través del parche, y me da miedo comprarle a ella el pescado, así que voy al puesto del señor Harris de la esquina con la 4ª de Winston, y desde entonces encuentro el doble de moscas secas en mi estofado.
-Sí, señor.
-Y ni se te ocurra tocar la del Oso Horroroso, las más populares son siempre para el acto final.
-Sí señor.
-Y llámame Hank. Sólo mis aprendices me llaman Señor.
-Sí, Hank.

Un grumillo de merengue salpicó el amarillento bigote de morsa de Hank, lo cual indicaba que había terminado ya el número de Milly (con catastróficas consecuéncias en los vestidos de la primera a la cuarta fila), y auguraba un público difícil para el del sigueinte turno.

-Ve chico, te toca.
-Sí, Hank.
-Y sonríe un poco hombre, piensa en los festines que te darás esta noche y el resto de la gira hasta Londres si haces que se rían después de la decepción de las tartas.
-Sí.

A Hank le daba lástima el chiquillo con cara de palo. No dependía de él llevárselo o no con ellos en la gira, pero ya le había costado mucho conseguirle una oportunidad, teniendo como único abal su amistad con sus muy recientes difuntos padres. No podía llevárselo con él, y eso era lo más triste, que se sentía responsable de que ese niño muriera de frío y hambre en la calle en menos de un mes.

Nunca le había visto actuar, pero se olía a leguas, con sus paros inseguros y erráticos, su mirada perdida y sus escuetas contestaciones que lo único que iba a inspirar en el público sería vergüenza, o muchísimo peor aún en el mundo del espectáculo... lástima.

Y la bella Hanny salió por enésima vez al escenario a lucir escote mientras presentaba la muerte ya anunciada de un número del cual solo sabían que el chiquillo había titulado Chapoteo.

Se hizo la oscuridad. Se encendió un foco que cegó a un espectador de la segunda fila al reflejar en las monturas del chico. Éste se arrodilló sobre las tablas de caoba seca y abrió un fardo sucio y agujereado. Sacó una bellísima flauta de plata, una serpiente de juguete echa de piezas de madera unidas por visagras y engranajes que permitían que ésta "serpenteara" y una rosa de papel.

Se introdujo la rosa en el bolsillo de la pechera de un raída chaquetilla, dándole un toque de señor de la gran manzana (mucho menos glamuroso). Y dio comienzo el espectáculo.

Mediante una conveniente e inteligente sistema de hilos y palos muy finos enganchados a sus codos y rodillas, el chiquillo convirtió a la serpiente de piezas en una ingeniosa marioneta. Cogió la flauta de plata, y tocó una melodía lenta, triste y melancólica, que parecía dar caricias cristalinas en los mismos corazones de los comensales. Y al minuto la serpiente empezó a despertarse.

Se tambaleó al compás de los ahora frenéticos y patizambos movimientos de las articulaciones del niño, marcando un extraño contraste entre la bella sinfonía, la danza de la serpiente y la suya propia.

De repente, la música cambió. Ahora la flauta tronaba ira, ímpetu y odio con notas rápidas pero graves, al son de una serpiente que ahora se mecía suavemente sobre el borde del escenario, invitando a los espectadores a acercarse a ella, y el niño bailando cual caña de bambú a merced de la brisa veraniega.

Y el reptil de madera se enroscó alrededor de su cuello, liberada de ya de sus ataduras de titiritero. El niño se desplomó después de forcejear e intentar arrancar a la serpiente de su pescuezo con todas sus fuerzas, al tiempo que espectadores y actores observaban petrificados algo que no podían creer. Y en un último aliento, el chiquillo agarró la flauta con un solo brazo y sopló muy fuerte durante varios segundos, obstruyendo los agujeros adecuados para que sonara una nota muy grave, semejante al último tañido de un elefante camino del cementerio.

Y la rosa de papel de su solapa estalló en llamas. Y sin necesidad de hilos, la serpiente se cubrió de ascuas alejándose del niño hacia el límite del escenario, preparada para arremeter contra las damas de la primera fila, cuando...

Se cerró el telón.

Y a los diez segundos volvieron a abrirse los pesados velos de terciopelo rojo, y el lastimero chiquillo, con una sonrisa de oreja a oreja, hizo una reverencia al público, con la flauta en una mano, y la serpiente agarrada por el pescuezo en la otra.

Y después ese atronador sonido que llena de júbilo el corazón de actores, malabaristas, bailarines y payasos. La ovación. El apogeo del trabajo bien hecho y de decenas de almas gozosas y agradecidas por el esfuerzo bien llevado.

Los aplausos.

Y al día siguiente, Hank, antes de despedirse de aquel salón de espectáculos que había vista el nacimiento de un gran artista, cogió una rosa de papel desconcertantemente no chamuscada del suelo, se la puso en el sombrero, y anunció:

-Chico, recuérdame que cuando lleguemos a la capital, te enseñe el número de la tortuga y el mimo.
-Sí, señor.

4 comentarios:

  1. He llegado hasta tu blog de rebote desde el de Calvarian y con tu permiso me quedo por aqui echando un vistazo, pues lo poquito que he visto me he gustado.

    Besos mágicos.

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  2. Realmente cuando vi las canciones de Godofredo, te juro que me imaginaba a uno de esos enanos de la fabrica de chocolates, la pelicula aquella, cantando canciones, me ha parecido simpatico, mas, la verdad es que me he llevado una sorpresa mas grata aun, he disfrutado lo del chiquillo, la promesa del numero de la tortuga y el mimo, sera que acaso vamos a saber si el chiquillo se aprendio el numero o como es el numero?.

    Gracias por compartir,
    saludos!

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  3. me ha encantado este relato.
    muy clasico, sus palabras, su tonalidad.
    me ha hecho acordar a la literatura americana de los 50s, 60s, a salinger.

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  4. Luismi:
    Ando visitando otros blogs tuyos, pues entré a otro en primer lugar.
    Éste es el que más me ha gustado, muy buen relato.
    Sólo me queda una duda, yo apenas puedo sostener uno con cierta dignidad, ¿dime cómo haces para sostener tres?
    Un abrazo.
    Humberto.

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