viernes, 10 de diciembre de 2010

Flamante plata

No era que no le gustase tener las sandalias llenas de arena, pero aquello ya era demasiado.

La arena ya le llegaba casi hasta las rodillas, y estaba agotado de enviar fuerza a las piernas para caminar decentemente. Además, la arena le hacía cosquillas entre los dedos de los pies al arrastrarlos veinte centímetros por debajo de la superficie de la arena. Además, estaba helada.

La luna se reflejaba con luz prístina en los escudos y armaduras de sus compañeros de tropa. Pero por ahora eso no era un problema, pues aún estaban resguardados por las dunas que rodeaban la ciudad, y les reflejos de sus equipamientos no les delatarían aún.

¡Atacar en luna llena! ¡Por Júpiter! El decurión que había fijado la noche del ataque era un completo inepto. En cuanto alcanzaran la cima de aquella gran duna que seguramente los separaba de vislumbrar su objetivo, serían tan visibles como una vela en una habitación cerrada, y los acribillarían a flechas antes de haber terminado de deslizarse hasta la falda de la duna.

Pero claro, para eso eran una unidad de asalto. La vanguardia. El primer golpe. La estocada mortal que condenaría el resultado de una batalla desde su mismo comienzo. Suicidas y carne de cañón.

Precisamente el plan ideado por los altos mandos era que aquella tropa comenzara una pequeña escaramuza por la muralla este de la ciudad, mientras el grueso de la legión aparecía por sorpresa con los arietes por la cara norte de la ciudad y, (si sobrevivían hasta que llegaran y volvieran a captar la atención de los flechazos) ellos se unirían al grueso por la brecha abierta en las defensas y tomarían la ciudad.

Sabían por sus espías que en la ciudad no quedaba suficiente mano guerrera para defender la muralla por múltiples flancos, pues el grueso de las fuerzas enemigas había salido hace días a atacar el campamento base en la orilla. En cuanto se concentraran suficientes arqueros en un solo lado de la muralla, el resto de puntos quedarían suficientemente desprotegidos para que las armas de asedio pudieran abrirse paso por las defensas el tiempo suficiente para que la marea del césar arrasara con todo.

Pero seguramente él no llegaría a ver tamaña victoria, y menos a participar en ella. Asco de vida.

Por lo menos aquella era una bonita vista para morir. Destellos de plata sobre fondo azul oscuro del cielo y un turquesa sucio de la arena, en contraste con la saeta de fuego que atravesó el casco del decurión como si fuese de mantequilla.

Aún seguía en sus ensoñaciones cuando levantó el escudo sobre su cabeza de forma automática y casi inconsciente al grito anónimo de “¡Formación de tortuga!”. Se despertó del todo cuando sintió en los nudillos que sostenían el asa del escudo el calor de una flecha ardiente que rebotó contra este. Seguramente alguna maldita escuadra de exploración tanteando las proximidades a la ciudad (lo cual era bastante fácil, dada la luz natural de la que gozaban todos aquella noche), y eso podía dar al traste con los planes de ataque sorpresa.

¡Por Júpiter! Esas flechas de fuego seguro que se verían a leguas de distancia. Habrían dado al traste con el plan, y seguro que ya habían vislumbrado al grueso de la legión al norte.

Oyó la orden de levantar escudos y cargar. Levantó el escudo justo para estrellarlo con un puñal, éste retrocedió y aprovechó para clavar su gladius en carne tostada, que era fácilmente vislumbrable bajo la luna llena.

A los pocos minutos, la arena se tiñó de sangre de los dos bandos, aunque había menos sangre romana que de la del enemigo. A pesar de que éstos conocían bien el terreno y estaban acostumbrados a luchar y moverse en la arena, el equipamiento romano muy superior, por lo que los golpes enemigos hacían el suficientemente poco daño como para que éstos pudieran contraatacar clavando una espada o lanza en sus estómagos. Esa escuadra de exploradores estaba cayendo ante las águilas de Roma.

Cuando ya llevaba tres muertos bajo su cuenta, tropezó con algo y resbaló en la arena. Al recobrar el equilibrio, vio que había tropezado con un herido enemigo, que se estaba arrastrando en el suelo.

Debía de ser el líder de la unidad, pues sus ropajes eran mucho más vistosos que el resto… pero los rayos de luna denotaban sus jóvenes rasgos. ¡Por Júpiter, ese niño había llegado a jefe de una tropa! No era posible que alguien tan joven hubiera conseguido tantos méritos como para escalar a un puesto de mando. Bueno, sea como fuere, no estaba en condiciones de causar muchos estragos en su tropa, dada la cantidad de sangre que manchaba sus perneras.

En tanto que se decidía entre rematar al herido o darse la vuelta y ocuparse a socorrer a otros compañeros en combate, éste detuvo sus movimientos reptantes ante un objeto brillante, lo frotó eufóricamente con los dos brazos, casi como si fuese a romperlo, y gritó:

-¡Djinn, mi segundo deseo! ¡Calcina a estos extranjeros!

Pensó que era algún tipo de maldición pagana, y se quedó perplejo unos segundos, hasta que se decidió por terminar con el sufrimiento de aquel demente, para así seguir con la batalla. Pero algo entre los brazos del herido empezó a brillar, y un destello más refulgente que todas las saetas de fuego de una legión en una noche oscura se elevó varios metros hacia el cielo.

De pronto dejó de escuchar la canción de las espadas, como si ese destello rojizo hubiera enmascarado incluso los sonidos de la batalla, y algo ocultó la luna a sus ojos. Se materializó delante enfrente de Lunae una especie de hombre ardiente, de dimensiones monstruosas, con hombros tan anchos como tres hombres, con un brillantor refulgente que parecía recorrer todas las fibras de su cuerpo.

-¡Por Júpiter!- y el ser de fuego golpeó con uno de sus grandes puños sobre la arena, que quedó cristalizada, y un par de legionarios que estaban cerca quedaron carbonizados, literalmente, solo quedando parte de sus armaduras humeantes en un cráter de arena.

¡Una onda expansiva lo lanzó varios metros hacia atrás!

¿Era acaso magia? ¿Cuál de sus dioses era capaz de enviar ese poder? ¿Acaso no estaban todos los poderes divinos del lado de Roma?

Mientras ese vástago de Marte hacía estragos con sus puños llameantes entre las filas romanas, él se levantó y corrió hacia el capitán herido, de entre cuyos brazos aún surgían un halo de luz roja que conectaba con el ser de fuego.

Le atravesó la cabeza con su gladius de un corte limpio, justo antes de que el puño llameante del monstruo le alcanzara.

Y todo se oscureció.

Lo primero que vio al despertar fue la eterna luz de la luna sobre una duna salpicada de armaduras plateadas chamuscadas y cadáveres pidiendo clemencia. Ni siquiera le dolía la salvaje quemadura del brazo derecho hasta que la vio. Y allí estaba. Un reflejo rojizo titilaba entre la arena, a pocos pasos del ya cadáver del capitán explorador, al que ya no se le distinguía la zona de la cara en la que un día seguramente tuvo una nariz. Se acercó y desenterró de la arena una pieza dorada que parecía un recipiente, algo oxidado y recubierto de rubíes, con tallados de hombres llameantes alrededor de un sol refulgente, en variadas escenas que parecían representar a estos hombres cubiertos de llamas arrodillados ante hombres normales.

¿Era el último que quedaba de su tropa de asalto? ¡Por Júpiter! Escaló corriendo el trecho que quedaba de la empinada cara de la duna, y por fin vislumbró las murallas de la ciudad, y una marea de destellos plateados que se agolpaban contra la puerta norte de la ciudad, sufriendo saetazos de fuego a destajo.

Y como si una mano invisible hubiera guiado sus pensamientos hacia la respuesta, frotó el recipiente dorado de brillo rojizo y gritó intentando que sus plegarias llegaran hasta todos los dioses de Roma.

-¡Djinn! ¡Deseo…!

Y así es como Cartago fue arrasada.

2 comentarios:

  1. Buaaaaaaaaaaaaaah como molaa!!!! Cartago, nunca lo habría dicho. Me había engañado el subtitulo de tu blog "fantasía y ciencia ficción", esperaba encontrar pistolas laser por algún sito, pero no, esto es fantasía histórica xD

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  2. Y que seas estudiante de psicología, como yo, cargante y esceritor, como yo, son solo algunas de las razones para que te siga xD

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